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Jueves, 05 Mayo 2016 14:43

La historia de Chessie

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Casi tres años después de que nos dejase nuestra gran amiga Luna, no hay día que no la recordemos. Es imposible olvidar los momentos tan maravillosos que nos regaló. Así que lo último que yo quería en mi vida era volver a tener otro perro.

Mientras tanto, el Refugio Canino de Almendralejo seguía con su actividad y las voluntarias seguían atendiendo los elevados casos de abandono de animales. Así que decidí no mirar para otro lado y comencé a ayudar a los animales aunque no fuese a tener ninguno más de compañía.

 

Como en tantas otras ocasiones, se nos comunica que había que llevar al veterinario a una perrita pequeña que acababa de entrar en la perrera con fracturas en las patas delanteras. ¡Yo la llevo!, dije. Y allí estaba, acurrucada en un canil, era una Podenca pequeña, muy delgada y con una carita… En esos momentos sólo se sentía tristeza, miedo y rabia, por parte de ambas.

 

Aún no lo sabíamos pero esas sentimientos se transformarían pocas semanas después! 

 

Su diagnóstico: una patita rota y operación unos días después.

 

Cuando la volví a ver en la perrera seguía igual, su mirada seguía manteniendo la misma tristeza que cuando la ví por primera vez, apartada de los demás en un rinconcito y temblando. Me seguía a todos los rincones de la perrera dónde le estaba permitido estar, no dejaba de mirarme, inmóvil cuando no podíamos estar cerca pero sin apartar su ojos de mí. Eso hizo que comenzase a tener más contacto con ella, la cogía, la acariciaba y hasta siento que me daba abracitos.

 

Cuando marchaba a mi casa no dejaba de pensar en ella. Ya comenzaba a hacer frío y la veía tan débil...así que me la llevé en acogida temporal hasta que encontrase un hogar definitivo.

 

Chessie cambió de actitud. Salíamos a pasear, de viaje, al campito, comenzó a jugar con otra perrita que tenemos y que también fue abandonada... Y ya al fin dormía tranquila y calentita en su cama, aunque aún nos quedaba pasar por dos operaciones más.

2

 

Pero ahí estuvimos todos en casa dándole mucho cariño hasta que meses después se recuperó. Ya no había tristeza ni miedos, ahora lo único que rebosaban nuestras miradas era alegría. Con esta decisión no sólo había ganado Chessie.

 

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Me propusieron que la adoptase y yo que estaba deseando oír esa propuesta no lo dudé. ¡Chessie se quedaba conmigo! Aún hoy, no sé si ella me eligió a mí o yo a ella, el caso es que ya no hay quién nos separe! La perrita que alguien no quiso ha llegado a mi vida para llenarla de felicidad.

 

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Mayte y Chessie


Os animo a que cuando terminéis de leer esta historia, visitéis cualquier refugio de animales abandonados y penséis en adoptar a uno de ellos, la sensación es única!

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